LAS MÁSCARAS QUE HAY DETRÁS DEL APRENDIZAJE

Ciclo: Arte para la vida/ otras formas de enseñar 
Autor: Jheison Rios Serna 
 

 

¿Qué es un cuerpo normal? ¿Que es un cuerpo anormal?

 

Las respuestas varían, cambian y responden a muchos contextos. En la primera versión del proceso de Arte para la vida en el taller mediado por Sirley Rios Serna escuchamos cosas como: “Depende de quien mire”, “¿Según quién?”, “¿Qué es lo normal?”. Muchas de estas respuestas son el reflejo de una conversación social donde se ha tejido el imaginario de normalidad que define qué es lo bello y lo feo según la publicidad, las políticas públicas con sus categorizaciones y nuestra exposición ante un fenómeno visual interconectado como lo son las redes sociales.

 

Sirley Ríos Serna & Carolina Ortega Echavarría (2025) en “El Devenir del cuerpo monstruoso” resaltan la importancia del juego y la pregunta en espacios de mediación con población infantil donde en su proceso de investigación con el taller de graffiti para niños en Casa Kolacho se logra resaltar que “a través de preguntas mediadoras en las que se indaga qué podía y qué no podía hacer el cuerpo según la construcción social de los niños y las niñas” se evidenció que “ el juego se configuró como mediador artístico dentro del proceso identitario”(Pag 60) ; lo curioso es que dos dispositivos como lo son el juego junto con la pregunta causarán lo mismo que experimentaron los niños  a profesores de instituciones privadas y públicas de Medellín.

 

La pregunta es una puerta, un camino, una nueva posibilidad para construir y sobre todo si se utiliza como herramienta pedagógica en los procesos de aprendizaje; pero preguntarnos cosas en aleatorio aunque es poderoso exige otra herramienta o estrategia para que sea un proceso transformador que se sostenga en el tiempo. El juego es una buena estrategia para complementar la pregunta, porque cuando jugamos hacemos acuerdos, promovemos el misterio y nos arriesgamos a crear nuevos mundos posibles. María Acaso en su libro Art Thinking relata un episodio donde en una de sus clases llegó a la Facultad de Bellas Artes de la Complutense con una sandía. La puso encima de la mesa y ninguno de los estudiantes pudo despegar su mirada del fruto. El estupor aumentó cuando sacó un cuchillo, con el que la cortó y creó un cuadrado. Este hecho que pareciera no tener sentido es la muestra de que la pregunta sobre qué significa esa sandía necesitaba de la sandía en su presencia física en el aula y además de que se jugará con su forma para causar misterio, estupor o incomodidad que generará más preguntas en los estudiantes con relación a las formas que tenemos establecidas para las cosas dentro nuestros imaginarios.

 

Detrás del juego emergen las respuestas. Sriley Ríos utilizó las máscaras con el maquillaje artístico para que niños y profesores se preguntarán por la normalidad y anormalidad del cuerpo; Maria Acaso utilizó una sandía para estimular un clima diferente en el salón de clase que diera paso al debate. Las sandías o las máscaras son el puente, el dispositivo, pero la relación entre ese puente y quién vive la experiencia es el juego en sí mismo.

 

Junto con las emociones que surgen en la relación de dispositivo y juego emerge la conversación que está atravesada por un pregunta que puede estar en el centro de la conversación o se puede intuir sin hacerla evidente como en el caso de los niños que fueron definiendo lo bello y lo feo a medida de que iba maquillando la máscara que ellos mismo construían, donde se movilizaba la conversación a partir de preguntas sutiles que no pusieran en el centro de la mesa los conceptos de la investigación sino que cuidarán de que las niñas y niños fueran los protagonistas de esa conversación.

 

El marco de acción que proponen Maria Acaso junto con Clara Megías a través del Art Thinking plantea que la aplicación del arte en el aula con sus formas, discursos y performances pone a la creatividad como una posibilidad de aprendizaje en donde las formas tradicionales se adaptan para ser atractivas consiguiendo que la motivación que moviliza a los estudiantes surja del placer que genera la relación de pregunta, juego y expresión artística.

 

A este marco de acción, debemos hacerle una aclaración puesto que se puede confundir el arte como medio y al arte como fin. El arte como medio es entender el teatro, las artes visuales, la música u otras expresiones artísticas como un puente para abordar un conocimiento donde el aprendizaje, lo que se quiere enseñar, encuentra otras formas de ser explicado. Mientras que por otro lado, el arte como fin se refiere a un acompañamiento técnico donde el propósito es la creación, dejando a un lado lo aprendido y resaltando la técnica artística.

 

En nuestra visión nos inclinamos más por el camino donde la expresión artística es un puente, como las máscaras  utilizadas por Sirley Ríos y Carolina Echavarría que generan reflexiones sobre nuestros cuerpos sin importar la técnica con la que se pinta dicha máscara. El protagonismo en este enfoque está centrado en la conversación y cómo las percepciones se van modificando en el proceso creativo.

 

Hacer de la mediación un acto creativo requiere de mucha voluntad por parte del mediador, ya que claramente hay caminos o formas que requieren de menos esfuerzos. Esta forma que se propone en esta serie de artículos tiene como objetivo hacer de los laboratorios, clases y apuestas pedagógicas encuentros vivos donde se invite a reconocer todo aquello que hace parte de nuestra cotidianidad con la intención de cuestionarlo o reafirmarlo.  En los espacios formativos este cambio de enfoque se ve reflejado en didácticas que buscan conectar los contenidos educativos con la vida que vivenciamos en comunidad, debido a que las prácticas vivas en el aula parten de la pregunta, el arte y el juego, permitiendo construir diferentes sentidos de comunidad generando convivencia y haciendo preguntas claves para cuestionar nuestras sociedades actuales.

 

En esta serie de textos sobre mediación en el proceso de aprendizaje, que con mucha modestia llamaremos artículos, buscamos ofrecer rutas que sirvan como punto de partida para el diseño de experiencias formativas donde encontremos otras formas de abordar las preguntas, las reflexiones y las enseñanzas que queremos transmitir como mediadores del conocimiento. La siguiente es la ruta de este primer capítulo:

 

  • Plantear el tema central: normalidad y anormalidad del cuerpo
  • Percepción a transformar : La normalidad del cuerpo responde a intereses políticos, económicos y utilitaristas que determinan la utilidad de los cuerpos 
  • Hacerle una pregunta al tema central: ¿Que es un cuerpo normal y que es un cuerpo anormal?
  • Buscar una elemento movilizador: la máscara
  • Buscar una expresión del arte: Maquillaje artístico o artes visuales 
  • Plantear un juego: intervenir la máscara definiendo dos mitades donde una sea el cuerpo normal y la otra mitad sea el cuerpo anormal
  • Guiar una conversación: plantear reflexiones, preguntas no muy estructuradas y datos que movilicen una conversación con miras a la percepción que se quiere transformar o el conocimiento que se quiere transmitir.

 

Esta ruta es una provocación para que cada mediador experimente, cuestione y diseñe espacios de mediación que aborden el aprendizaje utilizando la creatividad como eje transversal del proceso de enseñanza. Esperamos no solo que esta ruta se modifique según las necesidades de cada mediador sino que además cada mediador con la práctica cree sus propias rutas, su propias formas de relacionar la pregunta, el arte y el juego que deconstruyan las máscaras tradicionales que hoy tiene el aprendizaje.