Ciclo: Arte para la vida/ otras formas de enseñar
Autor: Jheison Rios Serna

En los mediadores del conocimiento hay una tendencia muy alta a disponer mucho de sí mismos para lograr hacer un acompañamiento integral lo cual exige mucho tiempo, esfuerzo y demanda emocional. Por lo que no es casual que en Colombia según la revista Psicología desde el Caribe el 65% de docentes presenta síntomas de depresión asociados al burnout; por lo que se hace vital repensarnos el acompañamiento para que poco a poco busquemos replicar prácticas de cuidado en nuestros procesos de aprendizaje que protejan al estudiante pero que a su vez también se cuide al cuidador.
En este capítulo de Arte para la vida queremos hablar de un encuentro mediado por Danna Suarez que a través de su metodología conecta la psicología con el arte como medio para abordar las emociones. Los profesores de colegios públicos y privados en esta ocasión contaron con ejercicios de conexión utilizando la respiración para la regulación emocional, con prácticas de escucha mediante la creación de manualidades y con dinámicas de introspección a través de la escritura creativa.
Cada pregunta que atravesó este encuentro fue abordada en pares, donde la escucha y el nombramiento de los sentires eran ejes principales del intercambio entre los profesores. El objetivo era propiciar conversaciones que reflexionarán sobre el cómo debemos acompañar los procesos de aprendizaje.
En primer lugar se invitó a la pausa, la desconexión y la quietud mediante la respiración consciente como estrategia para mitigar el afán, el estrés y las presiones mentales que en últimas son cargas con las que cada participante llega al espacio de aprendizaje, incluyendo al mediador. Por lo que al mediar el conocimiento el hecho de desconectarse se convierte en un problema al tener que estar disponibles o expuestos para las diferentes situaciones que se pueden presentar en los entornos de mediación. Ante esto se propone que cada espacio sea pensado con momentos de desconexión, pausas, respiraciones u otras formas que se puedan abordar para la autorregulación de cada persona que hará parte del taller, clase o laboratorio. Luego de este momento de conexión los profesores escribieron cartas a sus versiones pasadas y destacaron en esas cartas su oficio docente para luego compartirlo con un compañero que además de escuchar debía de crear de forma artesanal un detalle para el otro según lo que escucho del relato que narro el compañero.
La pedagogía de la escucha como lo señala Reggio Emilia es la combinación entre diálogos y expresiones. Pero también de silencios; un silencio de introspección por ejemplo. Para Reggio (2012), la escucha es como “una sensibilidad que nos conecta con los otros; es entregarse a la convicción confiada de que nuestro conocimiento, nuestro ser, es una pequeña parte de un conocimiento más amplio que integra y mantiene unido al universo”. La escucha requiere de un emisor que pueda transformar toda información sensitiva en múltiples lenguajes donde lo que se dice se convierte en símbolos que a su vez son un acto de amor que luego se convierte en enseñanza donde la pedagogía de Reggio Emilia utiliza la escucha como un elemento visible y palpable de comunicación y encuentro de mediador con el estudiante.
Escucharnos es poderoso y puede salvar vidas, transitar emociones dolorosas o ayudar a mitigar conflictos que aparentemente no tienen solución. En la mediación a su vez escuchar significa abrir la puerta para que el otro se exprese, se deje sentir y eventualmente lo que diga sume a la conversación abierta que se dispone en el espacio de aprendizaje.
Cuando acompañamos no debemos olvidar que nos convertimos en referentes que pueden influir directamente en el autoestima, la confianza o la disposición de los estudiantes; por esto debemos crear estrategias para que el espacio o laboratorio de aprendizaje sea una oportunidad de ser escuchado, visto y comprendido. La enseñanza no solo transmite conocimientos, sino que expone la vida emocional de quienes son mediadores, lo que significa que al enseñar estamos expuestos emocionalmente, por lo que el acompañamiento no se debe pensar en una sola dirección sino que debe ser unidireccional. Por esto queremos resaltar que en los procesos de enseñanza no se nos puede olvidar que “escuchar también es cuidar”; cuando escuchamos al otro no solo sanamos colectivamente sino que también fortalecemos la identidad como mediadores marcada por una notable disposición al acompañamiento. Enseñar desde lo que somos implica reconocer nuestras vulnerabilidades y convertirlas en puentes pedagógicos.
En este capítulo la ruta que proponemos es la siguiente:
Piensa en dinámicas de conexión: Respiración
Elige un dispositivo movilizador: La escritura creativa y la creación de un objeto con manualidades
Diseña preguntas para la creación: Memorias de su proceso de construcción como persona con especial enfoque en su proceso de mediadores.
Piensa en dinámicas de escucha: una persona escucha lo que escribió otra
Elige un ejercicio de creación: Cada persona de acuerdo a lo que escribió creo un objeto a través de las manualidades para dárselo a la persona que escucho
Recuerda que esta ruta es una provocación para que cada mediador experimente, cuestione y diseñe espacios de mediación que aborden el aprendizaje utilizando la creatividad como eje transversal del proceso de enseñanza. Esperamos no solo que esta ruta se modifique según las necesidades de cada mediador sino que además cada mediador con la práctica cree sus propias rutas, su propias formas de relacionar la pregunta, el arte y el juego que deconstruyan las máscaras tradicionales que hoy tiene el aprendizaje.
