AVERGONZARNOS, REÍRNOS Y DEJARNOS SER

Ciclo: Arte para la vida/ otras formas de enseñar

Autor: Jheison Rios Serna

 

 

La vergüenza ha sido utilizada históricamente como dispositivo correctivo donde se busca generar un cambio en el comportamiento particular o grupal partiendo del señalamiento, la burla o la puesta en evidencia frente a otros. Antanas Mockus en el 2002 utilizó actores de teatro para poner en vergüenza a los peatones y conductores que replicaban malos comportamientos en las vías de bogotá, generando un impacto directo en la estadísticas de accidentalidad debido a que las personas preferían ser multadas a ser burladas públicamente.

 

En el siglo XVIII en las ciudades europeas los sistemas de corrección exponían a los delincuentes de delitos menores en la picota ( Poste en la plaza) durante horas o días, donde la vergüenza reemplazó castigos más costosos generando autocontrol social como lo expone Michel Foucault en su famoso libro vigilar y castigar. Hay miles de ejemplos que nos llevan a colonias puritanas de la nueva inglaterra del siglo XVII o la revolución cultural de china donde el gobierno de Mao promovió que los enemigos del pueblo como él llamaba a quienes no estuvieran de acuerdo con su mandato fueran expuestos públicamente con insultos y señalamientos. La vergüenza entonces ha servido para destruir la identidad de cada ser para poder legitimar ideologías o políticas de comportamiento como una negativa a la diferencia y la diversidad.

 

Entonces, si en vez de utilizar la vergüenza para el señalamiento que borra la identidad del otro la utilizáramos para fortalecer lazos en nuestros espacios de aprendizaje ¿Que sucedería? Juliana Vanegas en el círculo de formación Arte para la vida utilizó la vergüenza para quitar imposiciones o posturas rígidas en una experiencia mediada por la máscara más que pequeña del teatro: la nariz del clown.

 

Durante 2 horas los profesores y mediadores se reían, asumieron personalidades extrovertidas y se dejaron ser sin importar quien los viera: hicieron de la vergüenza una posibilidad de ser con el otro. Cada ejercicio estuvo pensado para que se trabajará en parejas invitando a bailar, exagerarse, personificar otras formas y sobre todo jugar con las nuevas posibilidades de ser alguien completamente contrario a lo que solemos ser en nuestro día a día.

 

En esta experiencia el teatro permitió entender cómo tejemos nuestras redes de apoyo, como expresamos las emociones en lo colectivo y como el clown aporta al desarrollo de la comunicación, la expresión de las emociones y la empatía en nuestros círculos de aprendizaje. Ponerse la nariz fue una acción liberadora que permitió bajar las defensas, activar la risa y jugar sin miedo a ser juzgado; además que el juego colectivo logró eliminar las distancias que existían entre los participantes y abrió paso al reconocimiento de la otredad: ver al otro y ser visto. Entendiendo ser visto esto como la oportunidad de ser comprendido, aceptado y valorado por tu verdadera esencia, no solo por la presencia física. demostrando así que la vergüenza puede transformarse en recurso pedagógico si se acompaña desde el cuidado y el cuerpo como puente fundamental de la conexión que generamos con todo lo que nos rodea.

 

Bener Brown en El poder de ser vulnerable resalta que “Nos desconectamos para protegernos de la vulnerabilidad, de la vergüenza, de sentirnos perdidos y sin propósito. También nos desconectamos cuando sentimos que las personas que nos guían no viven de acuerdo con su contrato social”, resaltando que la desconexión es el punto de partida para la sensación que cada vez es más notable y es que justo en el momento histórico donde estamos hiperconectados es donde más distanciados nos sentimos debido a todas las imposiciones sociales a las que debemos obedecer para evitar la vergüenza de no encajar, de ser otros o peor aún de no ser lo que esperan de nosotros en nuestros entornos sociales.

 

¿Cómo hacer para que nuestros espacios de aprendizaje sean lugares para la conexión genuina? En primer lugar Juliana Vanegas resalta la importancia del otro en el juego, ya que jugar adquiere un significado relevante en el aprendizaje en la medida que posibilite el intercambio de saberes y sentires con otra persona. Las artes escénicas se hacen en colectivo, por lo que Paulo Freire no se equivocaba en proponer las artes escénicas para la construcción de múltiples sentidos de lo comunitario donde la construcción se hiciera en colectivo en territorios violentados.

 

En el libro la pedagogía de los sueños posibles Paulo Freire resalta el hecho de que es necesario entonces, “capacitar a los maestros para que sean educadores de su tiempo a la altura de su tiempo”; lo que significa que ante las distancias que se generan actualmente por la conectividad se requieren pedagogías que disminuyan esas distancias para que una vez podamos ser otros, como los profesores con la nariz clown, tengamos la confianza suficiente para hablar de lo que sentimos y mostrarnos vulnerables en nuestros espacios de aprendizaje. La vergüenza como herramienta pedagógica permite que la risa, la imaginación y el cuerpo tomen un lugar relevante en la interacción entre participantes lo cúal genera una relación más cercana de mediadores con estudiantes. Así que destinar un tiempo determinado del espacio de aprendizaje para la risa, hacer juegos de roles o generar dinámicas de interacción no será un tiempo en vano, sino que por el contrario será un tiempo invertido en favor del aprendizaje.

 

En este segundo capítulo del ciclo Arte para la vida: otras formas de enseñar queremos proponer una ruta para fortalecer la interacción en los espacios de aprendizaje o de trabajo grupal donde la risa, la vergüenza y la conexión fortalezca los vínculos para que la mediación del conocimiento se de en espacios donde la posturas rígidas de la enseñanza bajen la guardia abriéndose a nuevas posibilidades de aprender:

 

La ruta en este capítulo es la siguiente:

 

  • Identificar habilidad a fortalecer: Comunicación

  • Elegir dispositivo movilizador: Nariz del clown

  • Definir la expresión con la que van a interactuar: Teatro

  • Diseñar ejercicios para la interacción: Los participantes dirán con qué sensación   (buena o mala) llegan al taller y a cada persona se le gritará, aplaudirán o se le hará celebración con baile sin importar si es buena o mala.

  • Escoge una dinámica del teatro para darle cierre a la conexión: caminar por el espacio y ante la palabra pausa los participantes cuentan datos reales pero innecesarios de cada uno.

  • Generar un momento para un abrazo colectivo o aplauso colectivo

Esta ruta es una provocación para que cada mediador experimente, cuestione y diseñe espacios de mediación que aborden el aprendizaje utilizando la creatividad como eje transversal del proceso de enseñanza. Esperamos no solo que esta ruta se modifique según las necesidades de cada mediador sino que además cada mediador con la práctica cree sus propias rutas, su propias formas de relacionar la pregunta, el arte y el juego que deconstruyan las máscaras tradicionales que hoy tiene el aprendizaje.